Puerto Natales y Torres del Paine, Chile

De Punta Arenas a Puerto Natales


Hoy 3 de enero salimos con lluvia y niebla con destino a Puerto Natales. Ambiente invernal.

Puerto Natales, en la Patagonia chilena, es una ciudad alegre y luminosa, de casas bajitas, con calles trazadas a cuadrícula, orientada al mar.  En realidad es una lengua del Océano Pacífico que forma parte del Golfo Almirante Montt. Una se asombra con las vistas del agua y las montañas nevadas al fondo. Todo produce una sensación de calma y de fría inmensidad.



Las construcciones, la mayoría de una sola planta, parecen frágiles, más adecuadas a una zona no tan inclemente, y su exterior está cubierto por planchas de hierro galvanizado o PVC de colores alegres o imitando madera, que dan a la ciudad un aspecto desenfadado.  Algunos interiores de cafeterías y restaurantes recuerdan al estilo nórdico, con una decoración muy sencilla de maderas nobles y detalles rústicos pero originales.




Buscamos un restaurante recomendado para comer,  La última esperanza, y descubrimos el congrio en salsa de centolla y las patitas de la misma...mmm
Aquí en toda la zona hacen buenas cervezas, y es lo que toca. La Austral roja (tostada) y amarilla (lager) es una de las mejores.

Bernardita es nuestra casera, la madre de Erwin, propietario de la casa.  Es una mujer trabajadora, amable y servicial. Nos toma cariño rápidamente y se lleva nuestra ropa para lavarla y dejarla por 20000 pesos chilenos. Unos 13 euros.
Nuestra habitación con vistas...y qué vistas.




Cena casera y a dormir. Mañana nos espera una larga excursión a Torres del Paine.

4 de enero. Excursión al Parque Nacional Torres del Paine. Madrugón.
Furgoneta.
Dentro, un guía bastante simple que nos informa  con desgana y habla fatal el inglés, para desgracia de dos irlandesitas que viajan con nosotros.
De camino a Torres del Paine pasamos por la Sierra Dorotea, llamada así por el nombre de la hija del alemán  Bernard Eberhart, uno de los pioneros de esta zona.
También pasamos por un hotel donde estuvo viviendo un tiempo Gabriela Mistral y donde se inspiró para escribir su poema Desolación, por el que le dieron el Nobel. Y es desolación lo que se respira.
Toda la zona ha vivido siempre de la  ganadería y la minería, hasta que las estancias fueron expropiadas por el gobierno. Ahora viven sobre todo del turismo.
Chatwin visitó Puerto Natales y la recuerda como la ciudad roja por la sangre de las reses que los indios chilotas, empleados  en las estancias, derramaban en las matanzas. Ahora de eso no queda ni rastro. Por suerte.

Al Parque Nacional Torres del Paine  se llega por carreteras de ripio y el traqueteo de la furgoneta resulta desagradable.
Pero pronto esa sensación desaparece y se sustituye por la de asombro ante un paisaje espectacular. Un macizo montañoso cuyos picos más altos, de entre 2400 y 2600 metros, se difuminan entre las nubes. Torres del Paine es una inmensidad de lagos, lagunas, montañas y glaciares. Laguna Sarmiento, lago Pehoe, lago Grey, lago Toro, glaciar Grey...
Hacemos varias paradas con la furgo .





El tiempo patagónico es variado y cambia a cada rato, pero siempre es fresco. Lluvia, sol y viento nos acompañan a lo largo de la jornada. Y muy a menudo el arcoiris.
Las chicas estamos felices. La naturaleza nos sobrecoge.


La última parada, ya agotadas del día, es para visitar la Cueva del Milodon, cuya historia cuenta muy bien Chatwin. Pero eso es ya para otro dia.



Mar y yo junto a la estatua del Milodón. Era un bicho grande, desde luego.

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