De Ushuaia a Punta Arenas, Chile
USHUAIA-PUNTA ARENAS cruzando el Estrecho de Magallanes
2 de enero de 2018
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Un paisaje desolador nos despide de Argentina y nos recibe en Chile.
La misma carretera de ripio une los dos países y continúa unos kilómetros en dirección a punta Arenas.
El puesto fronterizo de San Sebastián es propio de un país tercermundista. Dos paradas: primero en la frontera argentina. Pocos kms. después, en la chilena. Colas para el pasaporte en un edificio en obras, con aire destartalado y viejo, colas para el escáner de equipaje...la gente mojándose fuera mientras espera su turno.
Por fin pasamos y de vuelta al bus.
Páramos y páramos tristes en esta Siberia Austral salpicada aquí y allá por las siluetas de guanacos.
Vamos a cruzar el estrecho de Magallanes por Manantiales. Queda para eso un trecho de dos horas.
Mientras, el camino sigue y en el horizonte una inmensa llanura a ratos gris, a ratos pajiza y en algún punto más alejado, verde. A veces se ven guanacos, vacas u ovejas desperdigadas por la llanura y alguna rapaz en el aire.
Llegamos al paso.
Un zorrillo gris espera en la orilla pedregosa a que algún pasajero le dé algo de comer. Tiene mirada triste y está hambriento.
Hemos montado en un pequeño transbordador para cruzar el Estrecho. Unos 15 minutos. Un mar verdoso y unas orillas yermas en ambos lados.
Otra vez al bus. La estepa amarillenta nos acompaña de nuevo.
Punta Arenas es una ciudad de mar con amplias avenidas, unas pocas casas señoriales, árboles altos y casitas bajas. La dureza del clima, frio y lluvioso, con una humedad del 90% en verano, impregna la calles de tristeza y, a sus habitantes, de un ánimo serio y poco amigable.
Cena estupenda en el restaurante Beagle. Camareras tristonas, como el lugar, a pesar de la música animada.




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